Una lengua y una literatura invisibles. El caso del aragonés
 

Artículo aparecido en la revista Letras Aragonesas f. Versión en pdf.

 

El aragonés, o lengua aragonesa, es uno de los idiomas más minorizados de la Unión Europea y, de hecho, se encuentra catalogado por la UNESCO como lengua en peligro de extinción. Está formada por un conjunto de dialectos que se hablan desde el norte de la provincia de Zaragoza hasta los valles pirenaicos oscenses por una
población rural con escasa, aunque creciente, conciencia lingüística y de forma cada vez más castellanizada. Algunos de los dialectos más conocidos y mejor conservados son el ansotano, cheso, panticuto, belsetán, chistabín, fobano, benasqués (patués), y ribagorzano. No obstante, el territorio histórico de la lengua fue antaño mucho mayor, con su máxima extensión en la Baja Edad Media, cuando era hablado en todo el Reino de Aragón, la Navarra romance, y parte del Reino de Valencia, además de influenciar en los territorios colindantes. Fue entonces cuando existió una norma prestigiada basada en el aragonés medieval zaragozano, modalidad usada en la corte –por reyes como Pedro IV–, documentado en los textos legistalivos y literarios. En éstos últimos, destaca la figura de Johan Ferrández de Heredia, quien difundiría toda una ingente creación, compilación y traducción en aragonés del saber clásico y medieval desde su taller de Aviñón. Finalizando la Edad Media, y de forma fulminante en el s. XVI, llegará una fuerte castellanización que, si bien en el s. XVII dejará ver algunos escritores como A. Abarca de Bolea o J. Tafalla Negrete –ambos bien conocidos en los círculos y academias literarias–, no será contrarrestada hasta finales del s. XIX(4) con figuras como Bernardo Larrosa y Bernabé Romeo y en especial en el s. XX y en la actualidad. Además, desde el s. XVI hasta finales del s. XX, la lengua no tendrá una nueva variedad estándar, hecho que resultará en una obra creativa compartimentada dentro de cada zona y variedad del aragonés. Será a partir del último tercio del s. XX cuando se comience a crear una koiné general que dé cabida a escritores urbanos, nuevas tendencias, y movimientos literarios, a veces diferenciados de los dialectales y otras convergentes, que darán como resultado
la situación más actual.

Lingüísticamente, el panorama dialectal permanece muy estancado. Es patente cómo gana terreno la progresiva castellanización y disminuye drásticamente el relevo generacional, dándose la llamada “deserción lingüística” de los padres ante sus hijos. En este marco, son los movimientos de salvaguarda quienes van cobrando fuerza y unión, a pesar del escaso y apremiante apoyo institucional. Un escenario similar se plantea para el aragonés estándar, variedad aún en un periodo profundo de elaboración y renovación ante la escasa identificación que hasta ahora ha producido en las zonas aragonesohablantes y la relativamente insuficiente implantación gráfica.

Son varias las iniciativas que persiguen la normativización de la lengua y sus dialectos: en algunos casos de forma independiente, como es el caso de la Sociedat Lingüistica Aragonesa; en otros, de forma global, con el apoyo del resto de la sociedad  aragonesohablante así como de casi la totalidad de las asociaciones de defensa de la lengua, como es el caso de la Academia de l’Aragonés constituida en el II Congreso del aragonés. Ésta está liderando un ambicioso proceso normativizador del que se intentará que emanen diversas recomendaciones y acuerdos en favor de la conservación, protección y codificación de la lengua y de todos sus dialectos.

La literatura actual en aragonés hunde sus raíces en los primeros autores del s. XX que, desde sus respectivas zonas y variedades de aragonés, fueron creando una tradición y una débil escuela. En estos inicios aparecen dos puntales de la tradición literaria del último siglo en aragonés: el valle de Echo para el aragonés occidental y la Baja Ribagorza Occidental para el aragonés oriental(6). Los escritores de ambos extremos se apoyarán sobre una lengua bien conservada lingüística y demográficamente, para así desarrollar un corpus con marcado carácter rural y costumbrista. Nombraremos, entre otros, a Domingo Miral, Veremundo Méndez y Xusep Coarasa desde Hecho o a Cleto Torrodellas, Tonón de Baldomera y Pablo Recio en la Ribagorza. Sus temas preferidos serán las descripciones de la vida cotidiana como su lengua, tradiciones, paisaje, sociedad, etc. verdaderos retratos costumbristas de un mundo endocéntrico. Esta producción tendrá como vehículo de expresión la poesía, y estará, en la mayoría de los casos, al margen de los movimientos literarios generales como las vanguardistas o el modernismo, que sí se desarrollaron para el castellano y otras lenguas cercanas. No obstante, que se perpetúe esta herencia del romanticismo y costumbrismo decimonónicos no tiene por qué entenderse como un signo de empobrecimiento o subdesarrollo literario, sino como el producto, o defensa, de los siguientes factores: i) sociedad tradicional en extinción; ii) fuerte diglosia lingüística –y cultural–; iii) marcado papel de la oralidad; iv) pérdida de los referentes históricos; v) aislamiento de autores y escuelas y, finalmente, vi) ausencia de núcleos culturales urbanos que vertebren e irradien otras sensibilidades. Frente a esto, los escritores en aragonés ven necesario, y probablemente como única salida dentro del microcosmos tradicional, una literatura basada en la oralidad. ¿Cómo habrían sido recibidas poesías vanguardistas en aragonés en Hecho? Sin duda, habrían causado todo un ‘extrañamiento’ colectivo muy interesante. La causante, en fin, de estas tendencias localistas y su raigambre oral y tradicional es la secular diglosia lingüística mantenida desde el s. XVI y, en parte, aún no superada, que hace que el aragonés no sea una lengua lo suficientemente prestigiada o funcional delante del castellano.

Estas consideraciones previas tendrán mucho que ver con la situación de las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI, pues se continuará dicho costumbrismo aunque surjan nuevas tendencias y escritores. Así, los escritores oriundos de las zonas aragonesahablantes continuarán en muchos casos los patrones localistas de sus predecesores, si bien cambiará de modo general la percepción lingüística, de forma que el uso que se haga de la lengua y la reflexión metalingüística será básico en el acto de escritura y, además, se convertirá en reivindicación implícita o explícita en muchos escritos.

Con los movimientos folklóricos ya asentados, la apertura social de los territorios, y la existencia de un movimiento de respaldo no sólo crítico y editorial sino lector, los nuevos escritores de estas zonas están planteando un paso más hacia la universalización y novela serán los formatos más usados en esta nueva fase, sin dejar de lado la poesía, pero con una producción aún muy mermada en cuanto al teatro. A los dos polos principales en el s. XX se les añadirán otras zonas como los valles de Gistaín (Chistau), Ansó, Benasque y los Somontanos, estos últimos, en especial, apoyados por el estándar para mantener su integridad. Autores como María Victoria Nicolás, Rosario Ustáriz, José Lera o Juan José Lagraba en Hecho; Lucía Dueso en Chistau; Juana Coscujuela en el Somontano de Barbastro, Bienvenido Mascaray en la Ribagorza media y José María Ferrer y José Sanmartín en la alta Ribagorza, son los que toman las riendas de una literatura en aragonés dialectal aún en germinación, a los que les seguirán otros muchos como José María Satué, Quino Villa, Ana Tena, Elena Chazal, Toni Collada, Juan Carlos Marco, Carmen Castán, José Antonio Saura, María José Subirá y un largo etc.

En cuanto al nuevo estándar, comenzó a desarrollarse artificialmente, como la mayoría de lenguas estándar, a comienzos del último tercio del siglo XX como una reacción de marcado carácter regionalista desde los núcleos urbanos de Aragón, en especial desde Zaragoza. El desarrollo de una literatura que sustentase esta koiné polimórfica aún comenzó pronto, con las figuras de Francho Nagore, Ánchel Conte y Eduardo Vicente de Vera. Desde entonces, toda una producción se iría fomentando por medio de concursos y publicaciones dando como resultado escritores de la talla literaria de Chusé Inazio Nabarro, con sucesivas generaciones, un corpus casi inabarcable de obras de calidad muy variable dada la sobregeneración existente hasta esta última década, y, quizá lo que más se ha reseñado, con un movimiento de escasa influencia en los hablantes maternos de aragonés y poca fuerza dentro del panorama literario aragonés salvo los casos citados de Á. Conte o Ch. I. Nabarro. Esta dicotomía inicial entre aragonés estándar y dialectal no parece haberse dado en los circuitos editoriales o concursos literarios, donde desde el comienzo se ha visto una complementariedad entre ambos mundos. No obstante, sí la tiene en los lectores y en las zonas de distribución. Éste fenómeno, la ausencia de interconexión entre las diferentes zonas del aragonés, es otro de los causantes de la poca aceptación de la literatura en estándar –considerada como ajena para el lector materno– en el norte aragonés y, también, escaso intercambio entre las mismas variantes –consideradas de igual modo extrañas–. Se plantea, pues, un fenómeno de aculturación en la propia lengua materna y de atomización extrema, situación típica de las lenguas sin tradición escrita conocida –recordemos la lejanía del florecimiento medieval–, con una cultura basada en la oralidad y en franco proceso de sustitución lingüística y diglosia cultural. No obstante, los esfuerzos continuados por parte de la sociedad, y las tímidas iniciativas por parte de las administraciones locales, hacen que en la última década estemos asistiendo a un nuevo cambio de mentalidad con, al menos, dos consecuencias importantes: a) la integración y convergencia de los dos grandes movimientos, que tiene como resultado la creación de obras colectivas y una nueva frescura de la literatura dialectal; y b) el interés desde los
diversos núcleos culturales norteños por la producción del resto.

En cuanto al mundo que gira en torno a la literatura en aragonés, uno de los puntales importante son las editoriales. Una de las primeras fue la sustentada desde el Consello d’a Fabla aragonesa: Publicazions d’o Consello d’a Fabla Aragonesa; asociación con gran vocación editorial y divulgativa que además ha llevado sobre sus espaldas el peso de la normativización del aragonés hasta hace poco. Ésta es la editorial que más producción ha realizado del aragonés, rescatando clásicos, ofreciendo premios, publicando en todo tipo de variedades y fomentando, de paso, los estudios lingüísticos. Otras editoriales importantes y, más o menos especializadas en el aragonés son: Gara d’Edizions, de la que es fiel colaboradora la Institución Fernando el Católico, destaca por sus traducciones de clásicos y libros modernos y su interés por la investigación lingüística del aragonés. Xordica es la otra editorial puntera que, gracias a su edición también en castellano, ha visto cómo se ha expandido hasta ser una de las más potentes en Aragón. Destacan en ella las obras de narrativa actual y las series infantiles, si bien continúa con su desarrollo hacia la investigación en aragonés además de las publicaciones guías, cartografía y estudios de Prames, así como el Gobierno de Aragón con algún estudio y la colección de literatura Pan de Casa Nuestra. Junto a estas, tenemos el caso de numerosas asociaciones, instituciones y ayuntamientos que afrontan un trabajo editorial menos constante que las anteriores; y, finalmente, existe alguna editorial como O Limaco Edizions, además de algunos títulos publicados cuenta con ediciones electrónicas y una creciente y variada actividad y presencia. Pero son los concursos y premios literarios los que, sin duda, más promueven la actividad creadora y consiguen conformar un interés constante de los autores que en ningún caso son profesionales. Así, el premio más importante por su repercusión es el Arnal Cavero, otorgado por el Gobierno de Aragón. Otros premios de prestigio son el Ana Abarca de Bolea y el Chusé Coarasa, del Consello d’a Fabla Aragonesa; el Premio de novela corta “Ziudá de Balbastro”; el desaparecido Onso de Oro, que fue clave para el impulso del movimiento literario en el valle de Hecho; los premios “Condau de Ribagorza” y “Cleto Torrodellas”, ambos de la zona centro y sur ribagorzana; el premio literario “Bila de Benás”, del valle de Benasque; el de novela y poesía de la Universidad de Zaragoza y una larga lista de premios de narrativa infantil, de relatos, poesía, coplas, etc. Finalmente, en cuanto a las publicaciones periódicas relacionadas con la literatura, existen varias revistas que no son especializadas donde se puede encontrar de vez en cuando una sección destinada a la producción narrativa. Así, Fuellas, O Espiello y algunas revistas locales de importancia como Bisas de lo Subordán, El Ribagorzano o la benasquesa Guayent o la digital Ambista, entre otras, son las más regulares en este sentido.Conviene destacar la aportación de la histórica Andalán, hace años desaparecida. Además, todos los domingos se publica en el suplemento dominical de Heraldo de Aragón una sección escrita por el académico José María Satué denominada “Carasol aragonés” de corte costumbrista escrita en su variedad materna de aragonés.

Frente a esta profusión de concursos y editoriales, contrasta el descenso en la cantidad de obras publicadas en estos últimos años. Esta bajada puede plantearse como el resultado de un cierto agotamiento de la ya citada fecundidad que los escritores en aragonés estándar venían sosteniendo, fenómeno producido por un notable activismo lingüístico. La desaceleración de estos escritores que van dejando de producir, unido a los momentos de cambio y reestructuración por los que está soportando este sector hacen que sean pocos los autores jóvenes noveles que hayan surgido recientemente y que puedan mantener la maquinaria anterior. Desde el punto de vista de la zona aragonesohablante parece darse, al contrario, un tímido interés por la literatura en su lengua vernácula, de forma que a los ya citados Hecho y Baja Ribagorza Occidental tenemos que añadir una nueva cantera en el valle de Benasque, con una producción creciente en cantidad y calidad. El resto del dominio del aragonés se mantiene a duras penas lingüística- mente, hecho que dificulta el nacimiento de nuevos escritores en unas variedades necesarias de actuación urgente. De hecho, muy difícilmente podrá iniciarse una literatura en estas zonas si la transmisión generacional de la lengua se corta como está pasando. Finalmente, a todo esto podemos añadir la despoblación y castellanización que sufre toda esta geografía aragonesa, caballos de Troya donde los haya. En cuanto a la producción crítica que sobre el corpus aragonés se ha venido haciendo, si bien no existe una obra de conjunto que arroje una visión general desde los orígenes en la Edad Media hasta la actualidad, sí que contamos con algunas monografías y una abundante cantidad de artículos, estudios y estados de la cuestión escritor por críticos y expertos que abarcan toda la obra en aragonés, la periodizan, estudian fenómenos generacionales, y abren vías de análisis que, esperemos que pronto, hagan del aragonés una lengua estudiada también en sus manifestaciones literarias, tan válidas como las de otra cualquiera, pues forman parte del patrimonio cultural y lingüístico no sólo aragonés sino de la humanidad.

No queremos terminar este artículo sin arrojar y recordar algunos visos de optimismo que ya se han ido comentando: la progresiva concienciación cultural y lingüística, la confluencia y acercamiento de un aragonés dialectal y un aragonés estándar en revisión, la continuidad de los concursos literarios, iniciativas educativas desde las comarcas, institutos y bibliotecas, repercusión en los medios de comunicación locales y comunitarios, movimientos de conservación de la lengua y nacimiento de nuevos escritores –algunos de ellos muy prolíficos de calidad–, y mejoras en las facilidades de publicación y distribución hacen que tengamos fuertes herramientas con las que plantar cara a un futuro incierto. Sin duda, la publicación de estos artículos es un ejemplo de este cambio y asimilación que, progresivamente, desde el respeto mutuo y el entendimiento de los mismos lazos y fines que nos unen, constata que podemos afrontar un futuro de la literatura multilingüe y universal, con voluntad  de hacer visibles todas sus representaciones al resto del mundo, y, en fin, heredera y orgullosa de una riqueza cultural y lingüística que desde hace mil años vienen reflejando los escritores aragoneses.

 
Miguel Castan Espot y Santiago Jorge Paricio Martín
 
   
 
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